Quizá fuera el momento de acercarse a la boca del escenario, dejar caer el cigarrillo, y aplastarlo con el pie, a tiempo para anunciar: "Respetable público..." Pero acaso fuera más elegante (
No dejes que me maten) esperar la caída del telón y entonces, adelantándose rápidamente, revelar la superchería.
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