Dice tic tac, pero jamás me apura. Me mantiene aquí (según él) para encontrarme a mi misma. Apenas nota que me estoy deslizando, aplaude con sus punteros y me despierta. Él viene de todos los lugares, en todos los tiempos. Está siempre. Lo sabe todo.
Con los ojos cerrados
quemándome las manos
el cuerpo entero.
Mis cenizas volando por ahí
cayendo en la comida de alguien
entrando en la nariz de algún perro
sumergida en el mar.
Ojos completamente sellados
viendo lo que siento
y viceversa.
A ti Max, muchas gracias.