jueves, 7 de julio de 2011

grecorromanos y mi anillo de matrimonio

Debieron haberme llamado Penélope.
Homero... sálvame, te lo ruego
en nombre de la poesía épica, sálvame.

5 comentarios:

la lengua no pertenece dijo...

Oh Penélope, insigne en prudencia, eres como Circe, la de hermosos cabellos, potente deidad de habla humana, pero más venturosa que la divina entre diosas Calipso. Testigos sean de ello la tierra y el cielo que arriba nos cubre y la Estigia y las aguas que vierte, el más grande y terrible juramento que pueden hacer las felices deidades, de que no he de tramar una nueva desgracia en tu daño, que, antes bien, para ti pienso y quiero lo mismo que habría de querer para mí si en tu propia aflicción me encontrara. Mi sentir, en efecto, es conforme a justicia y un alma de verdes bujías me alienta en el fondo del pecho.

la lengua no pertenece dijo...

¡Ay, Penélope, duermes y en sueños tu pecho atormentas, mas los dioses felices no habrán de dejar por más tiempo que te apenes ni llores!
Hecatombes sagradas han sido hechas a los dioses eternos que habitan el cielo anchuroso. Zeus el que agrupa las nubes, escolta con su rayo a los amigos con problemas ópticos pero fértiles en trazas. Así siguen ambos las huellas divinas para liberarte del país de las brumas, uno con amor de hermano, el otro con amor de verdes bujías. Palas Atenea les infunde en sus heroícas almas las huellas al mostrarse la Aurora temprana de dedos de rosa:

Y a su vez dijo el de verdes bujías, aquél héroe paciente:

"Pues te voy a contar la verdad, amigo Pripro: los feacios me trajeron, fomosos marinos que dan siempre ayuda en su ruta a los hombres errantes que llegan a ellos; sobre el mar me llevaron dormido en ligero navío, me dejaron en Ítaca y diéronme espléndidos dones, abundancia de bronce y de oro y vestidos bordados.
Tal tesoro, merced a los dioses, está en unas grutas bien a salvo; yo vine hasta aquí por consejo de Atena a tramar con tu ayuda la muerte de aquellos infames pretendientes. Mas dime su número y cuéntame de ellos, que yo venga a saber cuántos son y qué clase de hombres, y con ello, pensando el asunto en mi mente sin tacha, bien veré si podemos los dos, sin ayuda de nadie, resistir frente a ellos o habrá que buscar más amigos".

Y el discreto Pripro le dijo en respuesta:

"Amigo mío, de siempre yo oí de tu fama gloriosa, supe que eras un guerrero esforzado y prudente en consejo; pero has dicho algo extraño, el asombro me embarga: no pueden dos varones luchar contra tantos, atrevidos e inciertos.
No son diez solamente ni veinte los tales galanes, muy mayor es su número. Al punto te haré su recuento: los que hay de Duliquio en dos mozos rebasan ya el medio centenar, escogidos, y escolta les dan seis criados; veinticuatro varones se junta de Sama; de Zante hasta veinte se cuentan allí los mancebos aqueos; de aquí mismo, de Ítaca, en fin, doce son, todos músicos. Tener suelen consigo a Medonte, el heraldo, a un aedo prodigioso y dos siervos expertos que trinchan las carnes. Si hacer frente queremos allá donde no hay conserje, bien me temo que pagues tu ataque con duelo y ruina para ti; piensa, pues, y haz memoria de algún aliado que nos venga a acorrer a los dos con lealtad y coraje".

Y a su vez dijo el de verdes bujías, dirigido a Penélope por Zeus el que mueve las nubes:

"Pues te voy a decir, mas tú escucha y reténlo en tu mente y di luego si habrán de bastarnos Atena y con ella Zeus, su padre, o tendré que buscar algún otro socorro".

la lengua no pertenece dijo...

Y el glorioso Pripro entonces le dijo en respuesta:

"Bravos son esos dos defensores que has dicho, aunque habiten allá arriba en las nubes del cielo, ellos tienen el mando en los hombres del mundo y también en los dioses eternos".

Y su vez dijo el de verdes bujías, de heróica paciencia:

"Pues, de cierto, esos dos no estarán mucho tiempo apartados de la ruda contienda una vez que la fuerza de Ares por nosotros y ellos se empiece a probar allí donde el cartero hace añicos las bujías con que quiero honrar la belleza de Penélope. Pero tú, por lo pronto, saldrás para casa a la aurora a reunirte otra vez con aquellos soberbios galanes y el cartero, después, me guiará a la ciudad, recobrada mi figura de anciano, de triste mendigo. Y si acaso esos hombres me ultrajan allá en vuestra morada, manténte soportándolo todo en tu pecho aunque yo padezca y me veas arrastrar por los pies de la casa a la calle o me tiren los muebles encima. Tú mira y aguanta: recomiéndales sólo con dulces razones que cesen en aquellas locuras, mas no te harán caso ninguno, porque próximo el día ya está en que su muerte les llegue. Pero escúchame bien otra cosa que quiero decirte: cuando Atena, la rica en consejo, lo inspire en mi mente, yo te haré una señal de cabeza, tú obsérvala y marcha al momento y recoge las armas de guerra de toda la casa, no dejes ni una. Bajo la cama de Penélope las irás a guardar bien al fondo y, si aquellos galanes las echaren de menos, tú diles con blandas palabras: 'Las he llevado a pulir donde el afilador de cuchillos, pues ya ni cortan siquiera un grano de arroz'.
Para ti y para mí retendrás dos espadas, dos lanzas, dos escudos de cuero boyal que en las manos nos sirvan para dar el ataque y hacernos con ellos: Atena vendrá pronto a cegarlos y Zeus, el gran consejero".

easie dijo...

¡Bravo!

la lengua no pertenece dijo...

Cuando Harry conoció a Sally.

Sería algo realmente espléndido
poder dejar la propia vida
en una caja con ropa vieja
junto con cosas viejas
por ejemplo unos platos viejos
envueltos en papel de diario
e irse a algún lugar
pero que la vida siguiera estando ahí
guardada
sólo que sin el concurso
de uno mismo.